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“Siento que la pintura es principalmente una cuestión de amor al oficio. Un oficio no siempre agradable, pero siempre seductor. Hay que trabajar como un carpintero que arma bien la silla, como un jardinero solitario y terco que cuida las plantas; dormir con el tema, volver a la tela, a la mancha y al color. Oficio indefinido y desgastador, voluble y absurdo, irritante y misterioso que cuando se pierde hay que volver a encontrar. Hay que insistir siempre; es un problema obsesivo que hay que resolver.

 

Hay que saber siempre distinguir la línea sutil que divide artesanía y arte, ambos pueden llegar a ser tediosos, muertos al nacer, carentes de autenticidad, repetitivos o vulgares. De cualquiera de los dos puede surgir el fruto original, rotundo y enriquecedor, generador de nuevas realidades. Hay que saber verlo, perseguirlo y capturarlo, como un halcón a su presa, en pleno vuelo, en movimiento y con vida; dejarlo así sobre la tela, y hacer que se detengan a mirarlo”.

 

Alonso Gutiérrez

Sobre el arte de la pintura, agosto de 1991.